SENSACIONES DEL DEBUT
Ansiedad. Expectativa. Deseos. La esperanza de que el espíritu del fútbol se volviera a hacer presente en un Monumental repleto de historia. El debut menos soñado pasó. Mojados por las lágrimas de Bard, Liberti, Labruna y tantos otros, los hinchas de River nos retiramos extrañados luego de la primera batalla de una guerra que no merecemos pelear. Pero empezamos a luchar como enfrenta cualquier batalla hasta el más grande: con humildad. Como sea, en lo futbolístico, poco y nada. En las tribunas, las restricciones en la admisión conspiraron evitando que la fiesta que todos queríamos fuera completa. Lo positivo, nadie alentando a los violentos en su entrada decadente, y todos alentando a River, que es el único que necesita aliento.
Se respiraba un aire extraño. A los seis minutos nos sorprendió un gol que por primera vez no sabíamos bien de qué manera gritar. Por la cabeza de muchos debe haber pasado algo parecido a un “acá vamos a hacer la diferencia”. Con el correr de los minutos, comprendimos que no era tan así. Un partido malo. Muy malo. Horrible. Quizás por causa de la lluvia. El fervor futbolístico de los primeros seis minutos se diluyó a casi nada en los siguientes 84 minutos de esperpento.
Esto recién comienza. Aún falta que se incorporen algunos nombres importantes. Y todavía seguimos con la ilusión de volver a ver a River jugar el fútbol que a todos los hinchas del más grande nos gusta. Dejar de aplaudir barridas, choques, quites; para volver a aplaudir caños, amagues, tacos. No nos queremos resignar a que River deje de ser eso. Siempre con la esperanza de que vuelva a haber fútbol en el Monumental, lo único que nos quedó de esta primera semana fue la emoción de haber estado en casa.
PARA HORACIO
Horacio es ese tipo sencillo, leal, humilde. Trabajador y padre de familia. Amigo frontal, enfermo de River. De esos que a medida que pasan los días, más le cuesta asimilar esto que nos está pasando. De esos en los que muchos de nosotros nos despertamos pensando hoy, luego de esta nueva etapa en nuestras vidas, que dio comienzo oficialmente la noche de ayer.
Para Horacio, y todos los Horacios a quienes una banda roja les atraviesa el corazón de punta a punta, va este pequeño párrafo. Para que nuestro Horacio pueda recuperar la sonrisa pronto, y vuelva a ser el mismo que nos hacía reír con sus puteadas, el que nos levantaba y marcaba el rumbo, el que nos ofreció de guía en todos estos años en la Agrupación. Porque Horacio también es buena parte del corazón del Triángulo, pieza clave, fundamental, de esos que nos hacen sentir orgullosos que estén con nosotros. Por Horacio más que nadie, esperamos que River vuelva a ser el River que todos queremos.
Para Horacio, y todos los Horacios, que sabemos son muchos, el más fuerte abrazo de todos quienes formamos parte de la Agrupación Triángulo Riverplatense.